Explicación del experimento:
Existe un modo muy sencillo de alargar la distancia a la que dos
personas pueden hablar. Se trata de un teléfono hecho con
dos vasos de plástico y un trozo de cordel fino. Para hacer
el teléfono necesitas dos vasos de plástico (los
envases limpios de flanes, yogures o de helados sirven perfectamente)
y unos cuantos metros de cordel. Cuantos más metros, más
lejos podrás hablar.
Para fabricarlo, pon el vaso boca abajo en una mesa y, con la
ayuda de una persona mayor, haz un pequeño agujero en el
centro de la tapa de plástico. Debe ser muy fino, por el
que quepa el cordel sin holguras. Si no puede ayudarte nadie,
trata de utilizar los envases de los flanes, que habitualmente
llevan en la base una pestaña de plástico que, al
presionarla lateralmente, se rompe y produce un agujero. Introduce
un extremo del cordel por el agujero. Haz un nudo en el extremo.
Un nudo gordo, tal que al tirar del hilo hacia fuera del vaso
no pueda salirse. A continuación, tira del cordel hasta
que el nudo se sitúe en el fondo del vaso. Tira para verificar
que el nudo es lo suficientemente gordo para que el cordel no
se salga. Repite la operación con otro vaso en el otro
extremo del cordel.
Quédate con uno de los vasos en la mano y pide a otra persona
que se lleve el otro tan lejos como pueda, hasta que el cordel
esté totalmente tenso. Ponte el vaso en el oído
y pide a la otra persona que hable. Te sorprenderá escuchar
sus palabras, aunque las diga en un volumen muy bajo.
Pide a tu colaborador que se ponga el vaso en el oído y
háblale tu. Háblale casi en un susurro. Verás
cómo te oye perfectamente. De este modo habéis logrado
comunicaros a una distancia mucho mayor de la que hubierais podido
con la simple voz.
A finales del siglo pasado, se hicieron sistemas telefónicos
de este tipo, que permitían mantener una conversación
fluida a unos pocos cientos de metros de distancia. Con un cordel
muy largo, tú mismo lo podrás comprobar. Tu voz
hace vibrar el vaso. El vaso hace vibrar el extremo del cordel
y esa vibración se propaga por el mismo, hasta el otro
extremo. Allí se produce el fenómeno inverso: las
vibraciones del cordel se transmiten al vaso y éstas se
convierten en variaciones de presión del aire, que tu oído
puede detectar.
En este pequeño experimento están todos los ingredientes
de las telecomunicaciones actuales. El vaso es un transductor
que transforma las presiones de aire en vibraciones de un cordel.
El cordel tenso es un medio por el que se transmite perfectamente
la vibración, a más distancia de lo que lo hacen
las variaciones de presión del aire. Como transmite mejor,
se puede hablar a más distancia. En el otro extremo, el
otro vaso es el transductor inverso: convierte las vibraciones
del cordel en cambios de presión en el aire.