Explicación del experimento:
Vamos a confeccionar una cámara fotográfica con
una caja de cartón. El principio de funcionamiento es muy
sencillo. Si en una cartulina se hace un agujero con un alfiler,
ese agujero hace el mismo papel que la lente en una cámara
fotográfica. Para verlo con más claridad es preferible
usar una caja de cartón en vez de una simple cartulina.
En uno de sus extremos haz un agujero. Si el agujero es muy pequeño
la imagen será muy nítida pero muy poco luminosa,
apenas se verá. Si el agujero es más grande, la
imagen será más luminosa, se verá mucho mejor,
pero estará muy desenfocada, a pesar de lo cual, el principio
de la fotografía se manifestará con claridad.
En el lado contrario al del agujero, recortamos un rectángulo
casi del tamaño de toda la cara de la caja. Tapamos completamente
el rectángulo un trozo de papel fino y lo pegamos. Cuando
esté bien pegado, mojas tu dedo en aceite y lo pasas por
todo el papel. El aceite hará que quede translúcido.
Si ahora diriges la cara con el agujero hacia algo que esté
muy bien iluminado, verás que su imagen invertida se refleja
en el papel aceitado.
La luz que llega al papel aceitado es muy débil. Para que
tus ojos logren verlo con claridad, debes hacer lo que hacían
los fotógrafos antiguos y que habrás visto alguna
vez en el cine: cubrir la parte de atrás con un trapo negro
y taparte la cabeza con él. Si no tienes un trapo negro
a mano, una toalla oscura puede servir. Si en vez de un papel
aceitado estuviera un cliché sensible a la luz, hubiéramos
hecho una cámara fotográfica.
Juega con la cámara. Cuando haya un día soleado
sácala a la calle. Verás que las imágenes
se reflejan al revés; la bicicleta de verdad irá
de izquierda a derecha, pero se te reflejará de derecha
a izquierda. Al ser un agujero muy fino, deja pasar muy poca luz,
por lo que, para que se vean las imágenes proyectadas,
es imprescindible que las escenas estén iluminadas con
mucha luz.